María Rubia Jiménez es la actual presidenta del Instituto Romanó para Asuntos Sociales y Culturales y Directora General del SAVA, Servicio de Atención a Víctimas de Antigitanismo. Fundadora de la primera asociación gitana de Barcelona y España con perspectiva intercultural en 2002 desde la que ha trabajado en la promoción y diseño de espacios de diálogo y planes de intervención social y educativa que contribuyan a mejorar la cohesión social y las oportunidades para grupos más vulnerables. Actualmente combina su profesión y vocación con los estudios de 3r curso del grado de Trabajo Social en la Universidad de Barcelona.
¿En qué momento decidiste que querías dedicarte al activismo por el Pueblo Gitano? No fue una decisión repentina. En 1998, comencé a participar ocasionalmente en actividades organizadas por la Asociación Gitana de Camps Blancs, un barrio de mi municipio con una alta concentración de población gitana. Ese espacio, donde líderes de la comunidad expresaban sus preocupaciones y debatían sobre sus realidades, fue clave en mi camino hacia el activismo. Figuras como Mariano Fernández de Sant Boi, un gran ideólogo al que el Pueblo Gitano de Cataluña debe muchos avances en democracia participativa y proyectos innovadores sociales y educativos, fueron una gran inspiración. Su trabajo en iniciativas como la figura del Mediador Cultural, el Consejo de Ancianos y otros órganos de participación democrática dejó una huella profunda en mí que me motivaron a involucrarme de manera más activa.
Participas activamente en el programa PIDE, un proyecto que lucha por el fomento de oportunidades laborales para las mujeres gitanas y las víctimas de violencia de género. ¿Cuál es tu papel dentro del proyecto? ¿Cuántos años lleva vigente este proyecto? ¿Cuáles han sido los mayores logros?
Participo activamente en el programa PIDE, un proyecto que promueve oportunidades laborales para mujeres gitanas y víctimas de discriminación sistémica derivada de múltiples factores, como el abandono prematuro de los estudios y la exclusión del mercado laboral por cuenta ajena. Mi implicación en el proyecto ha sido desde sus inicios, participando en su diseño, en la definición de una metodología innovadora y en su coordinación. Uno de los mayores retos que enfrentamos fue la llegada de la pandemia de COVID-19, que nos obligó a reinventarnos y a fortalecer las competencias digitales de las participantes. Gracias a ello, logramos seguir ofreciendo atención y apoyo en un escenario especialmente difícil para muchas de ellas. El programa lleva vigente varios años y se ha consolidado como una iniciativa clave en los procesos de reconocimiento de competencias propias para la inserción laboral y el acceso a nuevas oportunidades. Sin embargo, es fundamental reivindicar que la exclusión social no es solo una cuestión de falta de formación o acceso al empleo, sino también de discriminación y antigitanismo. Podemos trabajar con las mujeres para fortalecer sus capacidades, pero si no se actúa también sobre quienes discriminan y excluyen, la problemática social no se resolverá. Por ello, además del acompañamiento individual, hemos fortalecido la colaboración con empresas, sindicatos como la UGT CALÍ e instituciones para promover políticas más inclusivas y sensibilizar sobre la importancia de la igualdad de oportunidades. La lucha contra la discriminación debe ser una responsabilidad colectiva, y solo abordándola desde todos sus frentes podremos generar un cambio real y duradero.
¿Qué herramientas tienen las mujeres gitanas para denunciar el antigitanismo en el ámbito laboral?
Las mujeres gitanas enfrentan barreras estructurales en el acceso y mantenimiento del empleo, lo que hace que denunciar el antigitanismo en el ámbito laboral sea un desafío. Sin embargo, existen diversas herramientas y mecanismos a su disposición para hacer valer sus derechos. En primer lugar, pueden recurrir a organismos oficiales como la Inspección de Trabajo y la Oficina de Igualdad de Trato y No Discriminación, donde pueden presentar denuncias en caso de discriminación laboral. También pueden apoyarse en organizaciones especializadas en la defensa de los derechos del Pueblo Gitano, que ofrecen asesoramiento jurídico y acompañamiento en estos procesos. Además, desde UGT FICA Catalunya, en su compromiso con la lucha contra toda forma de discriminación, crea el grupo de trabajo UGT CALÍ, una iniciativa clave para vigilar, atender yerradicar el antigitanismo en los centros de trabajo. Este grupo proporciona asesoramiento e información sobre los derechos en igualdad y no discriminación, además de intervenir activamente en casos de discriminación laboral. UGT CALÍ no solo actúa en la denuncia y detección del antigitanismo, sino que también trabaja en la visibilización de la identidad gitana desde una perspectiva positiva, promoviendo la riqueza cultural del Pueblo Gitano y combatiendo su estigmatización en el ámbito laboral. La clave no es solo dotar a las mujeres gitanas de herramientas para denunciar, sino también transformar el mercado laboral para que sea un espacio realmente inclusivo y libre de discriminación.
