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Del estereotipo a la realidad: la mirada gitana de Emilio y Sally Cortés que cuestiona siglos de prejuicios

Durante siglos, la imagen del pueblo gitano no ha sido contada por los propios gitanos. Ha sido escrita, filmada y repetida desde fuera. Y ese relato, según denuncia el director de la Asociación de Juristas Gitanos, Emilio Israel Cortés, ha dejado una huella profunda que todavía pesa hoy.

Junto a su hermana, la filóloga Sally Cortés, ha publicado un libro que recorre esa construcción cultural desde la literatura clásica hasta el cine contemporáneo. Su conclusión es clara: lo que aparece en libros y películas rara vez se parece a la realidad del pueblo gitano. Para entender los estereotipos actuales hay que mirar atrás. Muy atrás. Autores como Miguel de Cervantes o Victor Hugo ya reflejaban una idea profundamente arraigada: que una persona gitana difícilmente podía representar la bondad. En muchas historias, los personajes “buenos” resultaban no ser gitanos en realidad. Ese patrón no era casual. Responde a siglos de persecución, leyes discriminatorias y construcción de un imaginario negativo. En España y en Europa, se llegó incluso a prohibir a los gitanos hablar su lengua, vestir como tales o reconocerse como pueblo.

El cine: altavoz de los prejuicios

Si la literatura ayudó a construir el estereotipo, el cine lo amplificó. Cortés lo resume de forma directa: el cine español fue especialmente duro con el pueblo gitano, sobre todo a partir de los años 70 y 80. Se pasó de una imagen folclórica (más amable, aunque también estereotipada) a otra mucho más oscura, asociada a la delincuencia, la droga y la marginalidad.

Ese cambio dejó una marca duradera. Y lo más preocupante, señala el autor, es cuando esas historias se presentan como “realistas”. Porque entonces el espectador no ve ficción: cree estar viendo la verdad.

Aunque no todos los tópicos parecen negativos a simple vista. Pero también lo son. La figura de la mujer gitana, por ejemplo, ha oscilado entre dos extremos: la mujer seductora y peligrosa (como la Carmen clásica) o la mujer oprimida que necesita salir de su cultura para ser libre. En ambos casos, el mensaje es el mismo: lo gitano aparece como problema.
Lo mismo ocurre con otros clichés, como la asociación automática con la música. Aunque pueda parecer positiva, sigue siendo una simplificación que encasilla. Mientras los estereotipos se repiten, muchas historias reales siguen ausentes. El genocidio nazi contra el pueblo gitano o los siglosde esclavitud en Europa del Este apenas han tenido presencia en el cine. En España, episodios como la Gran Redada de 1749 (una operación masiva contra miles de gitanos) siguen siendo grandes desconocidos.

Existen excepciones, como el trabajo del director Tony Gatlif o películas concretas que intentan romper con esa mirada, pero son minoría frente al relato dominante. Para Cortés, el cambio pasa por algo fundamental: más voces gitanas contando sus propias historias. Escritores, cineastas, actores, creadores. Personas que no hablen sobre el pueblo gitano, sino desde él. Porque no se trata solo de corregir errores, sino de mostrar una realidad mucho más rica, cambiar la imagen empieza, también, por cambiar la mirada.

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Author: IR Autor