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El romaní, una lengua milenaria que reivindica su lugar en el mundo

El Día Mundial de la Lengua Romaní conmemora cada 5 de noviembre el patrimonio lingüístico del pueblo gitano y reivindica su preservación frente a siglos de persecución y una transmisión cada vez más debilitada en España.

La lengua romaní, una lengua con raíces en el sánscrito y con un recorrido que atraviesa Asia y Europa, celebra este jueves 5 de noviembre su Día Mundial. La efeméride, proclamada por la UNESCO en 2015 y que fue impulsada por entidades como la Unión Romaní Croata «Kali Sara» , busca promover su reconocimiento, proteger su diversidad y reivindicar el derecho del pueblo gitano a preservar y transmitir una lengua que es  parte intrínseca de su identidad cultural. A pesar de contar con más de diez millones de hablantes en Europa, la lengua romaní o rromanò afronta una situación desigual entre los distintos países. Mientras en algunas regiones mantiene una presencia significativa, en España su uso se ha reducido considerablemente como consecuencia por las dificultades para garantizar su transmisión entre generaciones por la persecución sufrida.

De la India a Europa: una lengua que reconstruye la historia

El origen del romaní se encuentra en la India. Así lo apunta Ignasi-Xavier Adiego, catedrático de lingüística indoeuropea de la Universidad de Barcelona, que estudia desde principios de la década de 2000 esta lengua y, especialmente, el caló, su variante histórica en Cataluña y España. «La lengua romaní pertenece a la familia lingüística indoirania, o más específicamente, a la familia indoaria», señalaba Adiego en una entrevista publicada por Catalan News en 2024. Se trata de un conjunto de lenguas habladas en la India que tienen su origen en el sánscrito, una de las lenguas clásicas del subcontinente.

Para el lingüista, la evolución del romaní permite reconstruir también el recorrido histórico del pueblo gitano. «Siempre comparo la lengua romaní con una cebolla de muchas capas», explicaba. A su estructura de origen indoario se incorporaron progresivamente préstamos de las lenguas iranias, el armenio y, posteriormente, el griego, entre otras. El análisis de estas influencias lingüísticas ha permitido a los investigadores reconstruir el viaje del pueblo romaní desde la India, a través de Asia Central, hasta su llegada a Europa durante los siglos XV y XVI. «Al desvelar las capas de la cebolla, descubrimos este viaje», afirmaba Adiego, quien destaca el valor de la lingüística como herramienta para comprender la historia de un pueblo cuya trayectoria ha quedado, en muchas ocasiones, fuera de los relatos históricos oficiales.

El caló, el legado lingüístico del pueblo gitano en España

A medida que las comunidades romaníes se asentaron en distintos territorios, su lengua entró en contacto con los idiomas mayoritarios de cada región. Este intercambio dio lugar a diferentes variantes y dialectos, algunos de ellos con importantes diferencias entre sí. En España, esta evolución dio lugar al caló, una variedad que conserva vocabulario de origen romaní, pero que ha incorporado la gramática del castellano. Aunque su origen es desconocido, el caló es un símbolo vivo de resistencia lingüística. En España, las políticas históricas de represión contra el pueblo gitano provocaron la pérdida de la transmisión del rromanò como lengua de uso cotidiano. Sin embargo, su huella permanece en el caló, en nuestra memoria colectiva.

Este reconocimiento internacional debe interpelar también a las instituciones públicas. No basta con celebrar nuestra diversidad cultural, es necesario impulsar políticas de reparación lingüística, promover la enseñanza del romanó, apoyar su investigación y garantizar que las nuevas generaciones tengan la oportunidad de conocer y aprender la lengua de sus antepasados.

Adiego define el caló como un «dialecto pararromaní», una denominación que describe precisamente esta combinación lingüística. Su influencia, sin embargo, va mucho más allá de las comunidades gitanas. Numerosas palabras procedentes del caló forman parte del habla cotidiana y del patrimonio lingüístico compartido de la sociedad española y catalana. Términos como chaval, jalar, currar, molar, mangar, fetén o parné evidencian la huella del pueblo gitano en el lenguaje popular. Una presencia que también se mantiene en la poesía, la música y las letras flamencas. Reconocer este legado supone, además, una oportunidad para poner en valor la contribución cultural del pueblo gitano y combatir los prejuicios y estereotipos que todavía persisten.

Siglos de persecución y una transmisión interrumpida

La historia del romaní en España está marcada por diferentes episodios de persecución contra el pueblo gitano. Desde la Gran Redada de 1749 hasta las restricciones impuestas durante la dictadura franquista, las políticas represivas contribuyeron a debilitar la transmisión de la lengua. Durante el franquismo, el caló fue prohibido, lo que obligó a numerosas familias a ocultar su identidad lingüística y cultural para evitar represalias. El temor a ser identificadas como gitanas y sufrir discriminación contribuyó a que el caló perdiera presencia progresivamente, hasta quedar reducido a un conocimiento parcial en numerosos hogares.

Adiego estima que en España viven entre 600.000 y 700.000 gitanos y gitanas , aunque el número de hablantes de caló resulta difícil de determinar, entre otros motivos, por la falta de registros específicos. «Muchos gitanos y gitanas y españoles tienen un conocimiento muy limitado del idioma hoy en día», advierte el lingüista, que observa un declive especialmente acelerado durante las últimas décadas. La pérdida de vocabulario constituye uno de los principales riesgos para la supervivencia de esta variedad.

Recuperar la lengua para preservar la identidad

Frente a esta situación, diferentes activistas, investigadores y miembros de la comunidad gitana trabajan para recuperar el romaní y garantizar que las nuevas generaciones puedan aprenderlo. Uno de ellos es Seo Cízmich, activista, dramaturgo y experto del pueblo gitano, nacido en Roma y con raíces familiares en la antigua Yugoslavia. En 2019 fue nombrado primer embajador honorífico de la Romaní Ćhib por la Unión Romaní Croata «Kali Sara». Junto con Adiego lanzó el primer diccionario catalán-romaní. La publicación pretende convertirse en una herramienta para facilitar el aprendizaje y la comunicación, así como para contribuir a la recuperación de una lengua que durante siglos ha acompañado al pueblo gitano en su recorrido por Europa.

Seo Cizmich recibiendo su emblema honorífico

Por su parte, José Antonio Plantón, profesor y hablante de caló, defiende la transmisión familiar como una herramienta esencial para evitar su desaparición. «La segunda lengua se aprende en casa», afirma, al insistir en la responsabilidad de las familias para mantener vivo el idioma. La enseñanza también constituye una de las principales reivindicaciones de la comunidad. La falta de presencia de la historia y la cultura gitanas en los materiales educativos dificulta, según Plantón, que las nuevas generaciones conozcan y valoren su patrimonio.

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