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“Gitano Friendly” de cara a la galería: mujeres gitanas cuestionan la instrumentalización disfrazada de inclusión

Jelen Amador

Por Jelen Amador (Barcelona 1990)
Doctora en Sociología por la Universidad de Barcelona (2017)

Las mujeres gitanas, atravesadas por diferentes ejes de discriminación, experimentamos una interseccionalidad que da lugar a formas de discriminación específicas que son a menudo ignoradas. Esa interseccionalidad obedece al hecho de ser mujeres, gitanas y a la falta de acceso e infrarrepresentación en los estudios superiores. A estos, pueden sumarse otros ejes de discriminación, y la acumulación de los mismos, aumenta nuestra vulnerabilidad.

La comunidad gitana es, lamentablemente, un colectivo todavía infrarrepresentado en los estudios superiores, y como consecuencia, también en los puestos de trabajo que requieren de mayor instrucción. Por contrapartida, las investigaciones ya han identificado la necesidad de promover una educación de calidad y el acceso a los estudios superiores en la minoría étnica, para así revertir su sobrerrepresentación en los puestos de trabajo más precarios y superar la exclusión social. Así pues, la promoción de la educación, y en concreto, de la educación superior, es una asignatura pendiente incluida ya en la agenda política. 

Al mismo tiempo, la escasa participación de las mujeres gitanas en los espacios de debate, de poder y de decisión perpetúa una invisibilidad y discriminación estrechamente ligadas al antigitanismo de género. La reproducción de este contexto durante siglos ha favorecido que la voz de las mujeres gitanas haya sido tradicionalmente silenciada. Esta realidad lejos de estar superada, se está reproduciendo también en espacios y movimientos sensibilizados en cuestiones de diversidad cultural y de género. 

Sin embargo, la agencia de las propias mujeres gitanas está contribuyendo a destapar todas esas formas de discriminación e invisibilidad. En este sentido, el presente artículo denuncia la vulnerabilidad y la instrumentalización a las que quedamos expuestas las mujeres gitanas con estudios superiores, especialmente cuando conquistamos espacios y desarrollamos una actividad profesional donde somos pioneras y minoritarias. Es necesario generar debate y conciencia sobre esta problemática porque ahora mismo el objetivo prioritario es completar los estudios superiores sin tener en cuenta los riesgos que se pueden dar una vez alcanzada esta meta. Además, si afortunadamente esperamos que cada vez sean más las mujeres gitanas con estudios superiores, prevenir esos riesgos y desarrollar recursos para combatir esa potencial instrumentalización, se convierte en un objetivo indispensable. 

Alzamos nuestra voz, tradicionalmente silenciada, para dar a conocer cuáles son nuestras necesidades y reivindicaciones. Contribuimos así a generar espacios más plurales, seguros y respetuosos con la diversidad. Algo que beneficia no solo a las mujeres gitanas, sino también a otras personas racializadas que puedan estar padeciendo situaciones similares y a la sociedad en general. 

Predomina la idea de que los estudios superiores son la solución a todos nuestros problemas, nos hacen privilegiadas y eliminarían la vulnerabilidad, pero hay riesgos que no desaparecen. Las mujeres gitanas, aún cuando completamos los estudios universitarios, seguimos expuestas a una vulnerabilidad latente, que si bien es cierto que muta, continúa activa, porque seguimos siendo, mujeres gitanas con estudios superiores. Este perfil académico nos hace especialmente atractivas para quienes buscan marcarse un tanto, presentándose como responsables de nuestro éxito. 

En una sociedad en la que afortunadamente hay cada vez más conciencia sobre el respeto por la diferencia y la inclusión de la diversidad, también surgen muchos oportunistas que buscan su propio beneficio. Hacen ver que promueven los derechos de esas minorías tradicionalmente infrarepresentadas. Y aunque por suerte no siempre es así, ese escenario existe y las mujeres gitanas somos muchas veces instrumentalizadas, cuentan con nosotras pero no para escuchar nuestra voz o fomentar nuestras capacidades, sino más bien para que salgamos en la foto y ponerse después la medalla y aparecer como abanderados por el respeto por la diversidad, la inclusión y el empoderamiento de las mujeres. La etiqueta “gitano friendly” puede ser muy golosa, especialmente entre quienes dicen trabajar por y para minorías como el pueblo gitano. 

A lo largo de mi trayectoria académica y profesional, he sido testigo y víctima de diversos episodios de instrumentalización. 

Como por ejemplo cuando se nos invitó a participar, por ser gitanas, en la manifestación del 8M a la cabeza de la marcha, para mostrar mensajes y consignas que se habían diseñado previamente, sin contar con nuestra participación, por lo que no nos sentíamos representadas con los mismos. 

O cuando concedí una entrevista a una periodista que por el hecho de ser gitana me hizo preguntas sobre nuestra sexualidad y la virginidad que me incomodaron. Le pedí que me enseñara el resultado final de su trabajo y al leer algunas declaraciones de otros hombres gitanos al respecto, me sentí ofendida y le dije que no quería formar parte de ese artículo. Entonces, ella me dijo que me lo hubiera pensado antes de aceptar participar, que ella tenía que pagar su alquiler. 

Sin embargo, la más grave, fue durante el desarrollo de mi actividad como investigadora, en el ámbito de las Ciencias Sociales. En el año 2019, resulté una de las doce personas seleccionadas de toda España a quien el Ministerio de Ciencia e Innovación otorgó un contrato Juan de la Cierva, un contrato competitivo de investigación. Este contrato está enfocado especialmente a la producción científica, en mi caso, el marco de estudio eran las minorías étnicas, concretamente la comunidad gitana. Tenía una tutora, encargada de dirigir mi actividad. Pronto se publicó la noticia en las redes para destacar que “Jelen Amador, primera doctora en Sociología en Cataluña, es una de las 12 ganadoras de un contrato postdoctoral”.

Yo tenía muchas expectativas y al principio todo parecía fantástico, era una gran oportunidad. Sin embargo, el día a día no fue tan excitante. Mi tutora llegó a encargarme que dedicara jornadas enteras de trabajo a la redacción y actualización de su currículum personal. Sentía que esas actividades no estaban en línea con los objetivos de un contrato de esa envergadura, pero no fue hasta leer el resultado de evaluación del informe científico técnico de la primera anualidad de mi actividad, que me decidí a actuar, pese a ser favorable, el informe decía “Se entiende que la actividad investigadora, estrictamente científica, de la contratada ha podido verse debilitada durante la primera anualidad por la irrupción de la crisis sanitaria y sus consecuencias. Se recomienda, no obstante, que, la investigadora intensifique sus esfuerzos por publicar, preferiblemente en revistas internacionales prestigiosas. La docencia y la transferencia son actividades muy relevantes, pero en un contrato de este tipo, muy competitivo y eminentemente investigador, se esperaría un rendimiento científico mayor en forma de buenas publicaciones.” Entonces pasé de ser promovida como “Jelen Amador la primera doctora gitana en Sociología en Cataluña”, de abrir congresos científicos interpretando el himno gitano, de recibir a los partners para explicarles mi rol como investigadora gitana y de encabezar su lista de referentes gitanos, a no existir. La situación se volvió tan difícil para mi que decidí poner fin a mi contrato Juan de la Cierva antes de la fecha de finalización para salir de allí. Asumí las consecuencias económicas, personales y profesionales que aquello implicaría. Suponía el fin de mi trayectoria como investigadora. Asumí que aquella controversia representaría también el fin de mi vínculo con el centro de investigación CREA de la Universidad de Barcelona, donde ambas colaborábamos, pero ella tenía mucho más recorrido y se había consolidado como una de las integrantes más reconocidas. Ya no me volvieron a proponer ningún contrato de trabajo, participar en ninguna conferencia ni proyecto de investigación. Lo que no me esperaba, es que también me cancelaran en la entidad gitana de mujeres de la que ambas formábamos parte, la Drom Kotar Mestipen. Asociación que desde entonces y sin ningún incidente, dejó de contar conmigo como lo había hecho hasta entonces. 

Después de alrededor de una década en la investigación académica “La primera doctora gitana que conseguía un contrato Juan de la Cierva” se tenía que ir de la Universidad por la puerta de atrás. 

Actualmente, trabajo en la Administración Pública, donde me siento valorada y realizada, con independencia de mi identidad étnica. Mi carrera profesional ha dado un giro radical forzoso. No ha sido fácil, me he sentido muy sola a lo largo de este tiempo y a pesar de que ya no colaboro ni en el centro de investigación CREA ni en la asociación Drom Kotar Mestipen, mi compromiso con la lucha por la igualdad de las mujeres y de la comunidad gitana no ha acabado. 

Ahora a título individual, como activista gitana sigo liderando reivindicaciones y rompiendo el silencio sobre temas de los que a penas se habla, con la esperanza de que las siguientes generaciones de mujeres gitanas lo tengan un poco más fácil que yo. La romanipen que nos caracteriza abarca también continuar con las luchas que nuestras predecesoras lideraron, para derribar barreras y promover mejores oportunidades para las siguientes generaciones.

 

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Author: IR Autor

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