En un ambiente de fiesta y esperanza, el Papa León XIV se reunió en el Aula Pablo VI, dentro de la Ciudad del Vaticano, con miles de representantes del pueblo gitano (romaníes, sinti y caminantes) procedentes de más de 70 países, con motivo de su Jubileo titulado «La esperanza es itinerante«. Durante su discurso, el Pontífice abordó temas esenciales como la dignidad, la fe, la educación, el trabajo y la paz, invitando a las comunidades gitanas a «ser protagonistas del cambio de época» y a caminar junto a otros pueblos «más allá de la desconfianza y del miedo».
Su llegada vino precedida de momentos de música balcánica y jazz manouche. Violines, guitarras, clarinetes, trompetas y tambores resonaron por las bóvedas de la antigua Aula Nervi, donde se compartieron testimonios y experiencias desde el escenario: se leyeron escritos de gitanos del presente y del pasado, y se hizo memoria de la tragedia del exterminio de los gitanos en Auschwitz: «Pueden matarnos, pero como las flores, siempre volvemos», escribió un superviviente. Más tarde, el Cardenal Fabio Baggio, Subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral pidió «un momento de silencio y recogimiento» para que cada uno rezara el Padre Nuestro en su propia lengua. Además se leyeron pasajes del Evangelio y de nuevo se reanudó la música y el baile con un grupo de niños y adolescentes.
El Papa recordó la larga historia de marginación sufrida por estas comunidades, consecuencia de modelos sociales «injustos e insostenibles» que las han relegado a los márgenes de la sociedad. Sin embargo, destacó que son precisamente los valores que los pobres conservan con dignidad (la solidaridad, la fe y la esperanza) los que pueden inspirar un cambio hacia una convivencia más justa y fraterna.
Citó a sus predecesores, Benedicto XVI y Francisco, subrayando la importancia de la dignidad del trabajo, la oración y la familia como fuerzas que pueden derribar los muros de la desconfianza. Asimismo, pidió a la Iglesia desarrollar una pastoral adecuada para promover la educación, la formación profesional y la inculturación de la fe entre los gitanos. Durante el encuentro, marcado por la música, la danza y los testimonios, el Papa recordó también el 60º aniversario del histórico encuentro de Pablo VI con los gitanos en Pomezia, símbolo de un diálogo que sigue vivo.
Al responder a las preguntas de los participantes (entre ellos varios niños), León XIV reiteró su convicción de que “la paz es posible, no un sueño”, e invitó a todos a comenzar ese cambio desde las relaciones cotidianas: en la familia, con los amigos, en la comunidad. Concluyó exhortando a superar los prejuicios y a reconocer la igualdad esencial de todos los seres humanos:
“Todo ser humano nace con la imagen de Dios. Si uno es pobre o rico, todos somos hermanos y hermanas. Respetemos esta fraternidad y veremos que el mundo puede cambiar.”
