La II Jornada de Enseñantes con Gitanos puso el foco en dos herramientas decisivas para combatir los prejuicios: la capacidad de construir nuevos relatos y el derecho del pueblo gitano a contar su propia realidad. Por la mañana, Lola Cabrillana reivindicó la literatura como una forma de ampliar los sueños de la infancia gitana, mientras una mesa de jóvenes creadores mostró cómo las redes sociales están abriendo un espacio inédito para la diversidad y el activismo gitano.
La autora arrancó su ponencia con esta provocación: «¿Con qué sueñan los niños gitanos?». La maestra de Educación Infantil, escritora y activista gitana, lleva tiempo haciéndosela a los niños y niñas con los que trabaja. Y las respuestas (o, más bien, la ausencia de respuestas) le han llevado a una conclusión, y es que hay niños, especialmente los gitanos, a los que la sociedad les ha enseñado demasiado pronto que soñar no es para ellos. Su intervención, titulada «la literatura: una herramienta para soñar» situó la educación, la autoestima, las expectativas y la representación como piezas fundamentales de la lucha contra el antigitanismo. Su trayectoria reúne precisamente esos tres lugares desde los que habla desde una mirada de maestra, mujer y gitana.
Cuando un niño deja de soñar
Cabrillana contó que, al preguntar en los centros educativos con los que trabaja qué quieren ser o con qué sueñan, se encontró con un dato que la golpeó especialmente: de 425 niños y jóvenes, solo 22 niños gitanos expresaron tener sueños. La cifra, más allá de cualquier estadística, le sirve para plantear una pregunta de fondo: ¿qué sucede cuando a una persona le han reducido tanto las expectativas que deja incluso de imaginarse en el futuro? «Porque les han dicho que no van a llegar a nada«, explicó y porque resulta difícil imaginar un futuro cuando durante años se ha recibido el mensaje de que ese futuro ya está decidido. Expresó que no basta con decirle a un niño gitano que puede llegar donde quiera. Hay que proporcionarle las herramientas para que realmente pueda hacerlo, y entre esas herramientas está la autoestima.
De 425 niños y jóvenes, solo 22 niños gitanos expresaron tener sueños de futuro
Cabrillana insistió en que la autoestima de un niño gitano puede resultar especialmente difícil de construir cuando el entorno social le devuelve constantemente imágenes negativas de su pueblo. «Cuando tienes un mundo que te está machacando y marginando, […] hay que trabajar esa autoestima», defendió. La educación aparece así, y es el motivo del marco de estas jornadas, como uno de los principales campos de batalla contra el antigitanismo. Y también como uno de los espacios donde más capacidad existe para modificarlo.
Pero ¿qué papel puede desempeñar un libro en todo esto? Para Cabrillana, la literatura es simultáneamente una ventana y un espejo. Una ventana permite conocer otras realidades, viajar, ponerse en el lugar de otros. Pero un niño necesita también poder mirarse en aquello que lee. Y ahí aparece uno de los grandes déficits, y es que los niños y niñas gitanas tienen muchas ventanas, pero muy pocos espejos. Porque cuando los personajes gitanos aparecen en la literatura infantil y juvenil, explicó, demasiadas veces lo hacen como personajes exóticos, estereotipados, invisibles o asociados a roles negativos. «Las ausencias también cuentan», expresó durante su ponencia. El reto, por tanto, no consiste en construir una literatura exclusivamente «para gitanos», sino en conseguir que la presencia gitana forme parte de la normalidad. Que deje de ser una excepción. Que un personaje gitano pueda ser protagonista sin que su condición tenga que convertirlo necesariamente en el personaje gitano de la historia. Y para conseguirlo, Cabrillana planteó tres caminos muy concretos: utilizar las herramientas que ya existen, adaptar las que tenemos e inventar nuevas.
Eso implica también aprender a leer críticamente los clásicos. Puso como ejemplo La gitanilla, de Cervantes, y la necesidad de no pasar por los textos sin hacernos preguntas. Leer, sí, pero también preguntarse qué imágenes estamos transmitiendo, qué palabras permanecen, qué estereotipos se reproducen y qué mirada se está construyendo sobre los gitanos. La literatura puede ser, en ese sentido, una herramienta de alfabetización antirracista.
Cambiar las historias para cambiar las miradas
Cabrillana propuso también un ejercicio especialmente poderoso, que pasa por cambiar las historias que conocemos. ¿Qué pasaría si Caperucita Roja fuera gitana? que seguramente la abuela no estaría sola ¿Y si Blancanieves fuera gitana? que la mala que condiciona sería paya ¿Y si el héroe fuera un adolescente de un barrio vulnerable? ¿Y si la princesa quisiera ser astrofísica? No se trata de sustituir un personaje por otro de manera superficial.
En esa línea presentó proyectos editoriales y educativos destinados a trabajar la historia y la cultura del pueblo gitano desde la literatura. Entre ellos, Un limón de cuatro patas, realizado junto a Sandra Carmona y Lola Cabrillana, una obra que nace precisamente para cubrir un vacío en la literatura infantil y juvenil y que busca llevar la historia y los valores del pueblo gitano a las aulas. Señaló que la cultura y la historia gitana tienen que entrar en la escuela como conocimiento, no como una actividad extraordinaria. La idea conecta con una cuestión que apunta a la estructura social y es que el antigitanismo no se combate únicamente desmontando insultos o prejuicios explícitos. También se combate ampliando el imaginario colectivo.
De objeto de relato a sujeto de relato
La segunda gran conversación de la jornada trasladó esa batalla al territorio donde hoy se construye buena parte del imaginario social: las redes sociales.

La mesa «Redes Sociales, Influencers desde dentro«, presentada por Elena Trujillano, de AECGIT, reunió a cuatro voces con perfiles diferentes pero una preocupación compartida: qué significa que el pueblo gitano pueda contar su propia historia en primera persona. Participaron Aaron Escudero Mayoral, «Aaron Escudero», influencer y youtuber, Dany de Vargas, escritor, poeta y activista, Lorena Jiménez Jiménez, productora audiovisual y mediadora y presidenta del colectivo 16 de Mayo y María Silva García, «María Paris», influencer y youtuber. Así consta también en el programa de las jornadas.
Y si la ponencia de Cabrillana hablaba de la necesidad de que los niños gitanos encuentren espejos en los libros, esta mesa mostró cómo las redes permiten construir esos espejos en tiempo real. Lorena Jiménez lo resumió con una idea especialmente significativa al expresar que, por primera vez, el pueblo gitano tiene una oportunidad comunicativa de aparecer en primera persona.
Por primera vez el pueblo gitano tiene la oportunidad comunicativa de aparecer en primera persona
Y esa posibilidad permite mostrar algo que los estereotipos borran, incluso al homogeneizar a la comunidad gitana, y es la diversidad interna del pueblo gitano.
Gitanalmente: activismo desde el arte
En ese proceso aparece 16 de Mayo, asociación nacional juvenil surgida hace cinco años y vinculada a una nueva generación de jóvenes gitanos que encontraron en el activismo artístico y en las redes una forma distinta de participación.
Lorena explicó que su trabajo se articula también a través de Gitanalmente, un canal de comunicación del 16 de mayo que gestiona Dany Vargas y que pretende dar espacio a voces diversas de la juventud gitana. La experiencia nació, en parte, de una sensación compartida: la soledad. Jóvenes gitanos procedentes de distintos lugares de España se encontraron en el Roma Political School y descubrieron que, pese a sus diferencias, compartían algo. A partir de ahí comenzaron a construir una red que definen no solo como una asociación, sino también como una comunidad de amigos y primos. El objetivo es hablar de historia, pero también del presente. De vivienda, salud, educación, discriminación y derechos. Y, sobre todo, hablar de la sociedad desde una mirada gitana, incluso cuando el tema no tenga aparentemente relación directa con el pueblo gitano. La reivindicación es importante: los gitanos no tienen que hablar únicamente de los gitanos. También tienen derecho a intervenir en la conversación pública como ciudadanos con opiniones sobre todo aquello que sucede a su alrededor.
La red como altavoz… y como campo de batalla
Pero las redes tienen una doble cara. Aaron Escudero, que tiene casi 50 mil seguidores en instagram y 100 mil en tiktok, contó su propio recorrido. Comenzó a crear contenido cuando todavía eran pocos los gitanos que tenían una presencia significativa en las plataformas digitales. El crecimiento, sin embargo, vino acompañado de algo menos visible, que ha sido la exposición al odio.

María Paris, su mujer, relató un camino diferente, ligado inicialmente a la moda, la belleza y su vida cotidiana, que terminó convirtiéndose en una actividad profesional con colaboraciones, vídeos, eventos y creación de contenido. Su testimonio sirvió para desmontar otra idea, detrás de la etiqueta de influencer existe un trabajo que implica grabar, editar, producir, gestionar plataformas, adaptarse a distintos formatos y mantener una presencia constante. Las redes no son simplemente publicar una foto. Son trabajo, explicaron. Pero también son exposición.
Dany de Vargas habló abiertamente de esa parte más dura que son los mensajes de odio que reciben los creadores. Comentarios extremadamente agresivos procedentes tanto de personas gitanas como no gitanas. La pregunta que planteó contiene una de las sentencias más contundentes de la mesa, expresó que cómo puede alguien acumular tanto odio como para entrar en un perfil que está haciendo algo positivo y «vomitar» ese odio desde detrás de un teléfono.
Frente a ello, los integrantes de 16 de Mayo han encontrado una estrategia, que trasladaron a la sala y ésta aplaudió. Una postura que pasa por no permitir que el odio marque el tono de la conversación. Lorena y Dany explicaron que, ante determinados comentarios, han optado por responder con amor. Añadieron otra herramienta clave, que es el sentido del humor. El humor como arma antirracista, respuestas que, con ironía, acaban desarmando el aparato fascista de las redes sociales. En ocasiones, contaron, la reacción colectiva provoca incluso que quienes han dejado comentarios racistas terminen borrándolos. Es una forma de resistencia que no renuncia a la inteligencia ni a la creatividad.
La otra brecha digital
Pero si las redes pueden democratizar la palabra, también pueden reproducir desigualdades. Lorena puso sobre la mesa una cuestión fundamental al ser preguntada por el público sobre el reto de cómo las tecnologias desarrollan o no una mayor educación inclusiva, pero se encuentran con el obstáculo de la brecha digital. No todos los niños tienen ordenador ni tienen todos tienen conexión a internet, e incluso hay hogares en los que existen dificultades para disponer de electricidad.
Por eso, advertía, introducir tecnología en el aula no garantiza por sí mismo una educación más inclusiva. La pregunta no debería ser únicamente cuánta tecnología tiene una escuela, sino quién puede acceder realmente a ella, aseguró. Por su parte, Aaron Escudero y Maria Paris expresaron que tienen que estar atentos al uso de las pantallas que hace su hijo, José. Que enseguida que ve contenido donde aparecen monstruos en los anuncios el niño acude a sus progenitores preguntando sobre lo que ha visto. La solución que han encontrado es adaptar el youtube con youtube kids y hacer un seguimiento exhaustivo del uso que hace de las pantallas.
La escuela vuelve a aparecer
Y, casi como un hilo invisible que conectaba ambas mesas, volvió a aparecer la escuela. Lorena fue tajante al hablar de su propia experiencia, expresando que fue un paso que le costó mucho cuando era pequeña porque no concebía el centro escolar como un espacio amable. «La clave está en el colegio«, expresó.
La frase dialoga directamente con el planteamiento de Lola Cabrillana. Una habló de niños que han dejado de soñar, los jóvenes recordaron que para ellos mismos ir al colegio llegó a convertirse en una experiencia traumática. Entre ambas intervenciones aparece una idea central, y es que la lucha contra el antigitanismo no puede quedar confinada al activismo de quienes lo sufren. Por eso, los profesores tienen un papel determinante en las expectativas de sus alumnos, los libros que se seleccionan importan, los personajes que aparecen importan, lo que se enseña de la historia gitana importa, las palabras que se utilizan importan. Y también importa aquello que se da por normal sin cuestionarlo, la falta de relatos y el espacio que no se ha dado a la creación de una representación más realista de lo que implica ser gitano.
«Los gitanos tenemos que estar en todos los ámbitos»
La mesa terminó ampliando todavía más el foco. Para Lorena, la política es una forma de amar, de implicarse, de hablar y de defender derechos. El punto de vista desde donde se narra algo es político. Y defendió que los gitanos deben estar presentes en todos los ámbitos de la Administración. Pero junto a la política institucional reivindicó también otra escala de transformación, aquello que llamó el pequeño entorno, que pasa por reeducar a la gente cercana. Trabajar dentro de las familias y transformar los espacios cotidianos.
Dany, por su parte, introdujo una reflexión sobre la responsabilidad en las redes, especialmente respecto a los menores. El aumento de la exposición pública cambia incluso la manera de relacionarse con las imágenes familiares. Contó cómo la llegada de mensajes de odio y amenazas le hizo replantearse qué fotografías comparte y, especialmente, qué exposición tienen los niños, porque tiene sobrinos pequeños. En resumen, que la visibilidad tiene un precio y quienes abren camino en las redes tienen también que protegerse.
Una lucha común: que el mundo sea nuestro
Al final, las dos conversaciones (la literatura y las redes) hablaban de lo mismo. De quién tiene derecho a aparecer y como narrar su «yo» cuando se ha estado tan condicionado por lo que otros han contado de uno mismo.
Lola Cabrillana habló de niños que no encuentran espejos en los libros. Los jóvenes de 16 de Mayo hablaron de una generación que quiere construir sus propios espejos en las redes, de manera que una trabaja con cuentos, novelas y en las aulas y los otros, con vídeos, fotografía, humor, activismo y creación digital poniendo en el centro el objetivo de deconstruir una imagen solidamente formada sobre los gitanos durante siglos. El objetivo converge, y es romper el monopolio de las miradas externas sobre el pueblo gitano. Combatir el antigitanismo es esto, que una niña pueda abrir un libro y se pueda sentir representada en la protagonista, y no precisamente porque sea la mala del cuento. Significa navegar por instagram encontrando a otros que son como tú. Significa volver a soñar porque el mundo vuelve a ser nuestro, de todos.
