El Ayuntamiento de Barcelona acogió ayer, 12 de enero, el acto de clausura de los 600 años de la llegada del pueblo gitano a España, una jornada cargada de simbolismo, memoria histórica y reafirmación institucional del compromiso con la diversidad y la igualdad.
La celebración arrancó con la llegada de la comitiva gitana a la Plaça Sant Jaume, entre cantos y alegría, portando la bandera gitana. El desfile estuvo acompañado por varias niñas vestidas de indias y flamencas, con trajes confeccionados por mujeres gitanas del barrio de la Marina, en una imagen que unió tradición, identidad y orgullo comunitario.
Ya en el Saló de Cent, gitanos y gitanas tomaron asiento para dar inicio al acto. Este espacio emblemático, que funcionó como parlamento ciudadano entre los siglos XIII y XVIII y simboliza el corazón del gobierno municipal histórico de Barcelona, volvió a ejercer su vocación democrática, abrazando la inclusión y reconociendo al pueblo gitano como parte esencial de la historia de la ciudad.





El acto estuvo presidido por el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, quien, junto a la segunda teniente de alcaldía, Maria Eugènia Gay, reafirmó el compromiso político del consistorio con la diversidad. Este paso adelante es fruto del trabajo del Consell Municipal del Poble Gitano, que impulsa la participación gitana en la vida pública, social y cultural de la ciudad, así como políticas de memoria colectiva.
Durante su intervención, Maria Eugènia Gay, acompañada por el comisionado de Participación Ciudadana, Pedro Aguilera, subrayó que el Ayuntamiento tiene el convencimiento profundo de que el progreso social y las políticas públicas solo se construyen con la participación activa de toda la ciudadanía, destacando que la participación del pueblo gitano fortalece la democracia desde una mirada de igualdad. Reconocer, señaló, significa desmontar prejuicios, combatir conductas discriminatorias y construir justicia social desde la práctica institucional.
La apertura del acto corrió a cargo de la vicepresidenta primera del Consell Municipal del Poble Gitano, Enérida Isuf, quien puso el acento en el largo camino que aún queda por recorrer en la lucha contra el antigitanismo y la exclusión. A continuación, se proyectó un vídeo de homenaje a las raíces del pueblo gitano y a quienes han construido las bases del reconocimiento y la dignidad de la comunidad, en un claro ejercicio de memoria histórica.
Uno de los momentos más emotivos fue el reconocimiento a referentes del movimiento gitano. Se entregaron distinciones a título póstumo a la activista por los derechos de las mujeres gitanas Juana Fernández Cortés, recogida por su hermana, Dovirgen; y a Carmen Font Pla, conocida como “La Mela”, recogida por su hijo Joel. También fueron reconocidos Juan Fajardo Jiménez, de la Asociación Gitana Bon Pastor; el exdiputado Juan de Dios Ramírez-Heredia; la mediadora Enriqueta Valentí y el mediador Francisco Manuel Santiago Maya, cuyo reconocimiento fue recogido por la presidenta de IRASC, María Rubia.
El programa continuó con una mesa redonda moderada por Paqui Perona, de l’Associació Rromane, centrada en el futuro del pueblo gitano desde una perspectiva feminista. En el debate participaron Sarai Fernández Andrade (Fundació Secretariado Gitano), Noemí Amaya Pérez (Nou Barris Conviu), Victoria Santiago Cortés (FAGIC) y Rocío Fernández Guerrero (Associació Gitana de la Barceloneta). Todas coincidieron en la necesidad de seguir avanzando en el camino de la inclusión. Perona citó a la congresista afroamericana Shirley Chisholm para expresar el sentir colectivo: «Si no te dan un lugar en la mesa, trae una silla plegable».
La jornada culminó con un concierto de La Tana, acompañada por Falete Perona a la guitarra, Mariano Santiago, Antonio Fernández y Joni Cortés en los coros y las palmas. Antes de la clausura institucional, el activista romaní Perseo Cizmic interpretó una pieza en rromanò reivindicando la resistencia y resiliencia del pueblo gitano.
En su discurso final, el alcalde Jaume Collboni volvió a poner en valor la huella del pueblo gitano en la cultura y la historia de Barcelona, recordando que, pese a haber estado marcado por la estigmatización, siempre ha demostrado fortaleza y capacidad de resistencia. “Este acto», concluyó, «es un compromiso colectivo en la lucha contra el antigitanismo, una forma específica de racismo que aún persiste en nuestra sociedad”.
