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Oviedo concluye su primer día de las 44 Jornadas de Enseñantes con Gitanos: la educación no puede caminar en círculos

Oviedo acoge la primera jornada de las 44 Jornadas de Enseñantes con Gitanos, un encuentro que reúne desde hace décadas a profesorado, investigadores y profesionales del tercer sector para pensar la educación, la historia y el presente del pueblo gitano. Las 44 Jornadas de Enseñantes con Gitanos, inauguradas este viernes en el Archivo Histórico de Asturias, pertenecen a las dos categorías. Cuatro décadas de camino colectivo pesan (en el mejor sentido) sobre unas jornadas que han ido pasando por distintas ciudades y que mantienen una vocación reconocible: reunir a profesorado, investigadores, profesionales de la intervención social, entidades del tercer sector y personas gitanas y no gitanas para debatir sobre educación, cultura, desigualdad y derechos.

La edición de este año se celebra en Oviedo, ciudad que ya había acogido las jornadas en 2011. El encuentro conserva ese triple carácter que la asociación ha defendido durante años: actualización de conocimientos, presencia pública y reflexión organizativa.

Necesidad de seguir avanzando, porque la educación de cada niño es una misión global

La inauguración reunió a Pablo León Gasalla, director general de Patrimonio Cultural del Principado de Asturias, Patricia Bezunartea Barrio, vicepresidenta del Consejo Estatal del Pueblo Gitano y vinculada al ámbito de la diversidad en el Ministerio de Derechos Sociales, María Dolores Bueno Aldea, María Velasco Muñiz, concejala del Ayuntamiento de Oviedo, María del Carmen Santos Asensi, expresidenta de la Asociación de Enseñantes con Gitanos, y Manuela Mayoral Silva, presidenta de la Asociación de Enseñantes con Gitanos.

La educación, como es evidente, fue desde el comienzo el hilo conductor. Patricia Bezunartea destacó los avances alcanzados, pero también de una brecha de desigualdad que persiste. La educación, recordó, es una herramienta decisiva para el desarrollo personal y colectivo del pueblo gitano, aunque las conquistas siguen siendo frágiles. Entre las amenazas señaló el cuestionamiento de las políticas de diversidad, la persistencia de la discriminación y la desinversión en la escuela pública.

María Dolores Bueno Aldea puso el acento en la necesidad de seguir avanzando junto a los centros educativos y las entidades gitanas para que ningún niño o niña vea limitado su futuro por su origen o su clase social. María Velasco Muñiz, por su parte, leyó en el propio cartel de las jornadas una declaración de principios: la escuela no debe limitarse a transmitir conocimientos, sino enseñar a respetar, convivir y valorar la diversidad.

Pero uno de los momentos más intensos de la mañana llegó con María del Carmen Santos Asensi, que hizo de su intervención una vuelta al Oviedo de sus comienzos. Recordó su contacto, en los años setenta, con las familias gitanas que vivían en el entonces mayor barrio chabolista de la ciudad. Allí, entre conversaciones y condiciones de vida marcadas por la falta de luz y agua, descubrió hasta qué punto cambiar la mirada sobre quien aprende puede cambiar también la vida de quien enseña.

Aquella experiencia desembocó en años de lucha por la escolarización y en la creación de una Escuela Puente. Pero el recuerdo no fue nostálgico. Santos llevó aquella historia hasta el presente para advertir de que la segregación escolar sigue siendo una realidad. El mejor antídoto contra el antigitanismo, defendió, es compartir desde pequeños los espacios de la vida cotidiana: las aulas, los trabajos, los juegos, los cumpleaños. La educación, vino a decir, no puede permitirse caminar en círculos.

Cuestionar la historiografía sobre el pueblo gitano

La primera mesa, presentada por Tina de la Torre, llevaba por título «¿Qué ha pasado con la Historia del Pueblo Gitano?». Y conviene subrayar los nombres de quienes realmente participaron: Miguel Ángel Vargas Rubio y Begoña Collado Villa.

Miguel Ángel Vargas Rubio, licenciado en Historia del Arte por la Universidad Pablo de Olavide, diplomado en Dirección Escénica y actualmente vinculado a estudios de doctorado, llevó el debate hasta el territorio incómodo de los archivos y de la construcción de los relatos históricos. A partir de una reflexión crítica sobre la historiografía y las teorías acerca de los orígenes, cuestionó quién ha contado la historia del pueblo gitano y desde dónde se ha contado.

Miguel Ángel Vargas Rubio y Begoña Collado Villa. Beatriz Jiménez Nácher

«¿Está la historia de los gitanos en los archivos o hay que aprender a leer los archivos contra sí mismos?» es una de las preguntas que recorrió la sala en su intervención por parte del promotor cultural. Vargas, experto en su trayectoria académica en crear vasos comunicantes entre la esfera académica y social, cuestionó también la idea de un pueblo necesariamente ágrafo y alertó contra las metodologías de investigación extractivas: llegar, entrevistar y desaparecer. Frente a ello defendió la conversación situada, el tiempo compartido y la relación real con las personas para obtener información valiosa.

A su lado, Begoña Collado Villa, directora general de Memoria Democrática del Principado de Asturias, expuso el trabajo desarrollado para incorporar al campo de la memoria democrática la represión sufrida por el pueblo gitano durante el franquismo. Una investigación vinculada a la Universidad de Oviedo ha permitido rastrear en los archivos asturianos la vigilancia, la pobreza, la discriminación y las dificultades para acceder a la justicia. Las conclusiones, que esperan publicarse a inicios de 2027 y realizadas por un estudio de campo por parte de alumnos de historia y sociología de la Universidad de Oviedo, apuntan a una persecución estructural, sostenida por un antigitanismo que no desapareció simplemente con el final de la dictadura. Las mujeres gitanas, además, sufrieron una doble discriminación: la derivada de los principios machistas del régimen y la de los prejuicios raciales.

La mañana continuó con Antonio Carmona Fernández, profesor y miembro de la Fundación Tagore, y Francisco Suárez Montaño, director de escena, dramaturgo y escritor, en una mesa dedicada a la cultura gitana y al cante como referencias para la educación. Suárez Montaño cuenta con una larga trayectoria vinculada al teatro y a la utilización de la creación artística como espacio de memoria y reivindicación del pueblo gitano.

Dejar de preguntarse qué hace el sistema para garantizar el éxito de la escolarización de gitanos

Por la tarde llegaron las experiencias educativas. Noemí Amaya García y Janire Goikoetxea Ozalla, de AMUGE, Carmen Félix Yao, de la Fundación Secretariado Gitano en Asturias, y Saúl Durán Jiménez, técnico de apoyo escolar de MISTOS, pusieron voz y biografía a una cuestión que sobrevoló toda la jornada. Una intervención que se enfocó en dejar de preguntar únicamente por qué fracasa el alumnado gitano y empezar a preguntarse qué está haciendo el sistema para garantizar su éxito. La Fundación Secretariado Gitano desarrolla en Asturias una actividad sostenida de acompañamiento y promoción social y educativa.

Las intervenciones fueron especialmente reveladoras porque hablaron desde la experiencia. Janire recordó el apoyo de su madre, de una profesora y de quienes le ayudaron a continuar su formación. Noemí relató una trayectoria marcada por las dificultades, el abandono temporal y la necesidad de encontrar a alguien que le hiciera pensar que podía continuar.

Y Saúl Durán contó un recorrido que resume, en buena medida, el sentido de estas jornadas. Fue alumno de MISTOS y hoy trabaja en la entidad. Tras terminar su formación, pasó de recibir apoyo a acompañar a otros niños y jóvenes, participando en talleres educativos e interculturales. MISTOS, explicó, nació hace dieciocho años con el objetivo inicial de lograr que los niños y niñas gitanas acudieran a la escuela; después llegó el reto de titular y continuar hacia estudios superiores.

El cierre de la jornada estuvo dedicado a los materiales y a la investigación impulsada por la Asociación de Enseñantes con Gitanos sobre la exposición Historia y Cultura del Pueblo Gitano, con la intervención de Federico Pablos, coordinador de la exposición y de actividades, y de María del Carmen Santos Asensi, expresidenta de la asociación. Los datos recogidos apuntan a una carencia persistente, ya que una buena parte de quienes visitan la muestra reconoce haber recibido poca o ninguna información sobre la historia y la cultura gitanas durante su escolarización.

Finalmente, como broche final, se dio la intervención de Jesús Salinas. No hizo falta una gran proclama para cerrar la jornada. Bastó una frase: «Se puede hacer un gran esfuerzo en una dirección equivocada».

Era una advertencia y, al mismo tiempo, una síntesis. Después de 44 años caminando, recordó, Enseñantes con Gitanos no ha pretendido ir por delante de los gitanos y las gitanas, sino caminar a su lado. Los recursos, los materiales y las políticas educativas pueden ser valiosos, pero deben ser consensuados y escuchar a quienes conocen desde dentro los caminos que quedan por recorrer.

Ahí quedó el broche de la primera jornada: no se trata solamente de hacer más, sino de saber hacia dónde se va. Y si durante medio siglo el movimiento asociativo ha abierto senderos, ahora toca también tener la valentía de preguntarse si el camino elegido sigue siendo el correcto.

Porque la educación puede transformar una vida. Pero, como recordó Jesús Salinas al final de la tarde, también puede ocurrir que se ponga toda la fuerza del mundo en avanzar sin darse cuenta de que se camina en la dirección equivocada.

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