El 24 de mayo ocupa un lugar singular en la historia de Madrid y del pueblo gitano. Es una fecha que remite a uno de los primeros testimonios documentados de presencia gitana en la capital y que, desde 2016, cuenta además con reconocimiento institucional por parte de la Asamblea de Madrid como símbolo de memoria, convivencia y reconocimiento histórico.
Fue precisamente ese año cuando el Pleno de la Asamblea de Madrid aprobó por unanimidad una declaración institucional para impulsar la institucionalización del 24 de mayo como Día de los Gitanos Madrileños. El texto recibió el respaldo de todos los grupos parlamentarios y situó esta jornada como una oportunidad para reconocer la aportación histórica, social y cultural del pueblo gitano a la región.
La declaración recordaba que la historia de la población gitana madrileña ha transitado entre etapas de acogida y hospitalidad y otras marcadas por el rechazo, la marginación y la pérdida de parte de su identidad cultural. Un proceso que, señalaba el documento, comenzó a revertirse con el reconocimiento de la igualdad jurídica consagrada en la Constitución de 1978.
El 24 de mayo de 1484: una acogida documentada
La elección de esta fecha no es casual. El origen se encuentra en un episodio registrado hace más de cinco siglos. El 24 de mayo de 1484, los regidores de la entonces Villa de Madrid, reunidos en la iglesia del Salvador, concedieron una ayuda económica de 1.000 maravedíes a un grupo de personas gitanas para que pudieran continuar su camino.
Aquella decisión se interpreta hoy como uno de los primeros testimonios de presencia gitana en la actual Comunidad de Madrid y como un gesto de acogida hacia un grupo que se presentaba como peregrino. Las referencias históricas son escasas y no permiten conocer ni el número exacto de personas ni cuál era su destino final. Sí ha trascendido que el dinero fue adelantado por Pedro Heredia, arrendador de la sisa de la carne (encargado de recaudar determinados impuestos municipales). Algunos investigadores han señalado incluso que el apellido Heredia acabaría adquiriendo una fuerte vinculación histórica dentro de las comunidades gitanas.
La magnitud de aquella ayuda tampoco fue menor. En una ciudad que entonces apenas contaba con entre 10.000 y 15.000 habitantes, esos 1.000 maravedíes equivalían aproximadamente a varios meses de trabajo agrícola o permitían adquirir una cantidad significativa de alimentos.
Sin embargo, la interpretación histórica de aquel gesto introduce también un matiz menos idealizado. Diversos estudios sostienen que estas ayudas económicas no respondían únicamente a una voluntad de protección: eran también una fórmula utilizada por distintas ciudades para favorecer que los grupos viajeros continuaran su trayecto y no se establecieran de manera permanente.
Del amparo inicial a la persecución
Durante las primeras décadas de presencia gitana en la Península, la condición de peregrinos ofreció una cierta cobertura social y jurídica. La llegada de estos grupos había comenzado previamente por territorios de la Corona de Aragón tras atravesar el sur de Francia, y las autoridades locales solían responder facilitando recursos para que continuaran el viaje. Con el paso del tiempo, esa percepción cambió.
Las instituciones comenzaron a cuestionar aquella condición de peregrinación y, progresivamente, desapareció el margen de protección inicial. Las autoridades concluyeron que aquellos grupos no respondían al modelo esperado de peregrinos cristianos y empezaron a desplegar mecanismos de control y exclusión.
Ese cambio cristalizó especialmente con la Pragmática de Medina del Campo de 1499, impulsada por los Reyes Católicos, que inauguró una política de persecución y asimilación forzosa dirigida contra la población gitana y enmarcada en un contexto más amplio de presión sobre minorías religiosas y culturales de la época. A partir de entonces, el carácter itinerante dejó de ser tolerado y comenzaron las restricciones sobre residencia, movilidad, formas de vida y expresión cultural que marcarían durante siglos la relación entre el Estado y el pueblo gitano.
Una efeméride con especial significado en 2025
La conmemoración adquiere además una dimensión especial este año. 2025 marca el 600 aniversario de la llegada documentada del Pueblo Gitano a España, seis siglos de presencia que forman parte inseparable de la historia común del país. Madrid se ha sumado a esta efeméride con actos institucionales, actividades culturales y campañas de visibilización que buscan poner en valor una trayectoria marcada por la aportación cultural, la resistencia frente a la discriminación y la construcción cotidiana de la convivencia.
La jornada del 24 de mayo se convierte así en algo más que una fecha simbólica: es una invitación a recordar que la historia del pueblo gitano en Madrid comenzó con una acogida registrada en unas pocas líneas de archivo y continuó, entre luces y sombras, hasta convertirse en parte esencial de la identidad madrileña contemporánea.
