El próximo viernes 1 de mayo, la Abadía del Sacromonte en Granada acogerá una jornada muy especial dedicada al Beato Ceferino Giménez Malla, una figura profundamente querida dentro del pueblo gitano y ejemplo de fe viva. Bajo el lema de convertir la devoción en celebración, este encuentro reunirá a fieles y familias en un ambiente de convivencia, espiritualidad y cultura.
La jornada se desarrollará entre las 10:30 y las 18:00 horas e incluirá diversas actividades pensadas para compartir la fe y la tradición. Entre ellas destacan la eucaristía, momentos de convivencia, comida popular y una animada fiesta flamenca, expresión cultural inseparable de la identidad gitana. El ticket, que incluye la comida, tendrá un coste de 10 euros, facilitando así la participación de todos los asistentes.
Una segunda cita en Palma del Río
La devoción al Beato Ceferino continuará el domingo 3 de mayo con otro evento destacado: la celebración de la XX Misa Flamenca 2026. Tendrá lugar a las 12:00 horas en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Palma del Rio, en Córdoba, organizada por la Hermandad de Ceferino Giménez Malla (Los Gitanos). Esta misa flamenca es una tradición muy arraigada que une liturgia y arte, convirtiéndose en una manifestación única de fe y cultura, donde el cante y el sentimiento acompañan la celebración religiosa.
¿Quién fue Ceferino Giménez Malla?
Ceferino Giménez Malla, conocido popularmente como “El Pelé”, fue un hombre sencillo y profundamente creyente. Nacido en el seno de una familia gitana humilde en Fraga, Huesca, se dedicó al trato de animales, una ocupación tradicional en su comunidad. Durante su infancia llevó una vida itinerante por zonas montañosas de Huesca y Cataluña.
Siguiendo las costumbres gitanas, se unió a Teresa Giménez, natural de Lérida, y en 1912 formalizó su matrimonio por la Iglesia. Aunque no tuvieron hijos, adoptaron a una sobrina de Teresa, llamada Pepita, a quien criaron con amor. Ceferino destacó por su honradez, su profunda religiosidad y su compromiso con los demás. Era conocido por acudir diariamente a misa y rezar el rosario, formando parte además de la orden franciscana seglar y de la adoración nocturna. Su prudencia lo convirtió en una persona respetada, a la que acudían tanto gitanos como no gitanos para mediar en conflictos.
Tenía también una especial cercanía con los niños, a quienes reunía para enseñarles catequesis. Les transmitía valores de amor, fe y respeto por la naturaleza, llamándolos con cariño “huesecillos de Dios”.
Martirio y beatificación
Durante el inicio de la Guerra Civil Española, Ceferino fue detenido por defender a un sacerdote que estaba siendo maltratado en Barbastro. En prisión, le ofrecieron la libertad a cambio de dejar de rezar el rosario, pero se negó firmemente.
En la madrugada del 2 de agosto de 1936 fue fusilado. Murió con el rosario en la mano, proclamando su fe con las palabras: “¡Viva Cristo Rey!”. Décadas más tarde, su testimonio fue reconocido oficialmente por la Iglesia. El 4 de mayo de 1997, el papa Juan Pablo II lo beatificó junto al obispo Florentino Asensio Barroso, también mártir de la misma persecución.
