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Manifiesto contra las palabras de la concejala republicana de Chile Catalina Sandoval tras calificar de «plaga» al pueblo gitano

Desde el Instituto Romanò (IRASC) queremos expresar nuestra más firme condena a las declaraciones realizadas por la concejala republicana de Chillán (Chile), Catalina Sandoval, quien se refirió a la comunidad gitana como “una plaga” y afirmando que “no se pueden exterminar”.

Ante estas palabras, la chilena Linda Marcovich, gitana y exparticipante del programa Gran Hermano en el país, respondió con claridad y valentía desde su condición de mujer gitana, con unas palabras que puede suscribir toda la comunidad. En su intervención recordó una verdad fundamental: los gitanos somos seres humanos y merecemos respeto. Desde Instituto Romanò suscribimos plenamente el sentido de sus palabras y reconocemos el valor de su denuncia frente a un discurso que deshumaniza a todo un pueblo.

Tal como expresó Marcovich, no se puede responsabilizar a una comunidad entera por las acciones de individuos concretos. En cualquier sociedad existen personas buenas y malas, del mismo modo que existen políticos honestos y políticos corruptos, expresó. Generalizar sobre un pueblo entero no es una opinión: es discriminación y racismo. Resulta especialmente grave que estas afirmaciones provengan de una autoridad pública. Las palabras pronunciadas desde el ejercicio de la representación política tienen un impacto social profundo. Cuando una autoridad describe a un colectivo humano como una “plaga”, está contribuyendo a su estigmatización y alimentando un clima de hostilidad que puede traducirse en exclusión, discriminación y violencia.

Más preocupante aún es la utilización de términos como “exterminio”, un lenguaje que inevitablemente remite a los episodios más oscuros de la historia europea y a las persecuciones sistemáticas que ha sufrido el pueblo gitano. La historia nos enseña que los procesos de persecución no comienzan con la violencia física, sino con la deshumanización en el discurso.

Como bien sabemos, en España, la llamada Gran Redada de 1749 fue un intento deliberado de detener, separar y someter al pueblo gitano con el objetivo de destruir su modo de vida. A finales del siglo XIX se extendió por Europa un clima de alarma en torno a la supuesta “amenaza gitana”, que muchos Estados incorporaron a sus políticas públicas. Esa narrativa se vio reforzada por la pseudociencia de la eugenesia, que defendía la idea de “mejorar” la sociedad mediante la exclusión de quienes eran considerados indeseables. Ya en la épica contemporánea, durante el régimen nazi, miles de gitanos europeos fueron deportados y asesinados en campos de concentración como Auschwitz, dentro del genocidio conocido como Porrajmos o Samudaripen.

Estas tragedias no han surgido de forma repentina. Han sido precedidas por décadas de estigmatización, vigilancia y discursos que presentaban a los gitanos como un problema social. Por ello debemos afirmar con claridad que las palabras nunca son inocentes. Incluso cuando se pronuncian en un pleno municipal lejano o se presentan como un comentario casual, participan de las mismas dinámicas de deshumanización que históricamente han permitido la persecución de pueblos enteros.

Este tipo de discursos se insertan además en una tradición ideológica conocida: los discursos de la ultraderecha que utilizan el racismo para construir enemigos internos, alimentar el miedo social y justificar la exclusión de minorías, perpetuando así privilegios y jerarquías. El pueblo gitano ha sido durante siglos uno de los principales objetivos de estas narrativas.

Desde Instituto Romanò (IRASC) denunciamos cualquier acto violento contra la comunidad gitana, ya sea verbal o físico, y advertimos del peligro que supone normalizar un lenguaje que deshumaniza y estigmatiza a un pueblo entero. Defender la dignidad del pueblo gitano es una cuestión de memoria histórica, derechos humanos y responsabilidad democrática. Hoy, como tantas otras veces, recordamos algo que debería ser incuestionable en cualquier sociedad que aspire a la convivencia:

Los gitanos no somos una plaga. Somos personas. Somos un pueblo. Y merecemos respeto.

Instituto Romanò (IRASC)

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Author: IR Autor