Ya es oficial, la poeta romaní Bronisława Wajs (Papusza) dará nombre a unos jardines en el barrio de la Marina de Port tras la aprobación de la Ponencia del Nomenclátor del Ayuntamiento de Barcelona. Barcelona continúa avanzando en la incorporación de nombres de mujeres al espacio público y, entre las treinta denominaciones aprobadas recientemente por la Ponencia del Nomenclátor, destaca una decisión de especial relevancia para la memoria y la cultura romaní: la creación de unos jardines dedicados a la poeta gitana polaca Bronisława Wajs, conocida universalmente como Papusza.
La decisión sitúa a Barcelona entre las pocas ciudades europeas que han reconocido de forma institucional la contribución cultural de una figura romaní mediante la denominación de un espacio público. Los futuros Jardines de Papusza estarán ubicados en el barrio de la Marina de Port en Sants Montjuïc, en concreto entre la calle de los Ferrocarrils Catalans y la calle de Vilageliu i Gavaldà, y formarán parte de un conjunto de nuevas denominaciones dedicadas a mujeres relevantes de la cultura, las artes, la educación y el activismo social.
Una figura fundamental de la literatura romaní
Papusza (1908-1987) está considerada una de las escritoras más importantes de la historia del pueblo gitano europeo. Fue la primera poeta romaní cuya obra alcanzó una amplia difusión pública y una de las primeras mujeres gitanas en dejar testimonio escrito de la memoria colectiva de su pueblo. Sus poemas retratan la vida de los grupos gitanos antes de los procesos de sedentarización forzosa, la persecución sufrida durante la Segunda Guerra Mundial y la profunda relación entre la comunidad gitana, la naturaleza y la libertad. Su obra constituye hoy una referencia imprescindible para comprender la historia y la cultura romaní contemporánea.
La trayectoria de Papusza estuvo marcada también por la incomprensión y el rechazo. Tras colaborar con investigadores interesados en la cultura gitana y dar a conocer parte de la tradición oral romaní, sufrió fuertes críticas dentro de algunos sectores de su propia comunidad, lo que la llevó a vivir largos periodos de aislamiento. Con el paso de los años, sin embargo, su figura ha sido recuperada como símbolo de resistencia cultural y de preservación de la memoria del pueblo gitano.
Un reconocimiento con valor simbólico
La decisión del Ayuntamiento de Barcelona tiene una importancia que trasciende la mera denominación de un espacio urbano. Durante siglos, la historia, la cultura y las aportaciones del pueblo gitano han estado prácticamente ausentes de los relatos oficiales, de los libros de texto y de los espacios públicos de reconocimiento institucional.
La presencia de Papusza en el nomenclátor de una de las principales ciudades europeas supone un gesto de reparación simbólica y de reconocimiento hacia una comunidad que ha contribuido de forma decisiva al patrimonio cultural europeo, pero que rara vez ha visto reflejada esa contribución en monumentos, calles o espacios públicos. El homenaje adquiere además una dimensión especialmente relevante en un contexto en el que numerosas instituciones europeas están impulsando políticas destinadas a combatir el antigitanismo, promover la igualdad de trato y favorecer una representación más justa y diversa de la población gitana.
Más mujeres en el espacio público
La incorporación de Papusza forma parte de una nueva tanda de denominaciones aprobadas por la Ponencia del Nomenclátor en la que doce de los treinta espacios aprobados llevarán nombres de mujeres. Entre ellas figuran también las escritoras Teresa Pàmies e Isabel-Clara Simó, la artista Aurèlia Muñoz, la sindicalista y pintora Soledad Martínez García o la pedagoga Palmira Jaquetti.
Aunque la presencia femenina en el callejero barcelonés sigue siendo minoritaria respecto a la masculina, el Ayuntamiento ha señalado que continúa trabajando para corregir progresivamente este desequilibrio histórico. Con los futuros Jardines de Papusza, Barcelona reconoce la voz de una mujer gitana que convirtió la poesía en memoria colectiva y que hoy representa la riqueza cultural de un pueblo que durante demasiado tiempo permaneció invisible en los espacios de reconocimiento público.
