El lunes 16 de mayo conmemoraremos uno de los actos de dignidad y resistencia más poderosos del siglo XX: la rebelión protagonizada por el Pueblo Gitano en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau el 16 de mayo de 1944. Aquel día, miles de gitanos (hombres, mujeres, ancianos, niños y niñas) decidieron enfrentarse al aparato de exterminio nazi para impedir ser conducidos a las cámaras de gas. La fecha recuerda un episodio históricamente silenciado, pero fundamental para comprender la historia de la persecución histórica contra los gitanos pero también para recordar que incluso en el corazón del horror existieron gestos colectivos de resistencia capaces de desafiar la barbarie.

La noche en que Auschwitz encontró resistencia
En mayo de 1944 las SS habían decidido liquidar el denominado «campo familiar gitano» (llamado Zigeunerfamilienlager) de Auschwitz-Birkenau. Según los testimonios conservados por el Memorial de Auschwitz-Birkenau, fue el propio Josef Mengele (médico del campo y responsable de numerosos experimentos con prisioneros gitanos, especialmente niños) quien comunicó la orden a Georg Bonigut, uno de los responsables de seguridad del sector.
Por razones que todavía hoy se desconocen, Bonigut decidió avisar de manera clandestina al preso político polaco Tadeusz Joachimowski, trabajador administrativo del Zigeunerfamilienlager. La noche del 15 de mayo de 1944 le transmitió un mensaje decisivo que puso en guardia a los gitanos que se encontraban allí apiñados en condiciones insalubres e infrahumanas: la orden de exterminio se ejecutaría al día siguiente.
Joachimowski alertó entonces a varios prisioneros, y la noticia se propagó rápidamente entre las barracas. Cuando las SS llegaron la tarde del 16 de mayo para trasladar a los presos gitanos hacia los crematorios, se encontraron con algo inesperado: nadie salió. Dentro de las barracas reinaba un silencio absoluto. Los aproximadamente 6.000 gitanos que aún permanecían con vida se habían organizado y atrincherado. Muchos se habían armado con herramientas de trabajo, palancas, cuchillos improvisados, piedras y trozos de madera. Sabían perfectamente lo que significaba subir a aquellos camiones y decidieron resistir. Los testimonios describen la tensión de aquella noche: entre 50 y 60 miembros de las SS rodearon el sector armados con metralletas y ordenaron evacuar las barracas al grito de «¡Raus! ¡Fuera!». Sin embargo, los prisioneros no obedecieron.
La determinación colectiva provocó desconcierto entre los nazis. Las SS comprendieron que la operación podía desencadenar una revuelta de grandes dimensiones dentro del campo. Tras unos momentos de incertidumbre y conversaciones entre los mandos, llegó finalmente la orden de retirada. Los vehículos abandonaron el sector y, al menos por esa noche, el exterminio fue aplazado al menos hasta el día siguiente. Aquella resistencia constituye uno de los pocos levantamientos colectivos documentados dentro de Auschwitz-Birkenau.

El Porrajmos: el genocidio gitano
La resistencia del 16 de mayo no puede entenderse sin el contexto del genocidio sufrido por el Pueblo Gitano bajo el régimen nazi, conocido en rromanò como Porrajmos o Samudaripen, términos que pueden traducirse como “la destrucción”.
Mucho antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, las comunidades sintíes y romaníes ya eran perseguidas por las políticas raciales del nazismo. Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, comenzaron las esterilizaciones forzosas, la retirada de derechos civiles y la segregación social. Las leyes Raciales de Núremberg clasificaron a gitanos y judíos como “razas inferiores”, prohibiéndoles ejercer determinadas profesiones o mantener relaciones con personas consideradas “arias”.
En 1938, Heinrich Himmler creó la Oficina Central para la Lucha contra los Gitanos, encargada de registrar, vigilar y perseguir a las comunidades rom y sinti. Poco después comenzaron las deportaciones masivas a campos de concentración como Dachau, Buchenwald, Ravensbrück, Mauthausen y Auschwitz. A partir de febrero de 1943, cerca de 23.000 gitanos procedentes de once países europeos fueron deportados a Auschwitz-Birkenau. Allí fueron hacinados en el sector destinado para ellos, donde padecieron hambre, enfermedades, trabajos forzados y experimentos médicos. En apenas un año, más de dos tercios habían sido asesinados. Se calcula que alrededor de 500.000 personas gitanas fueron exterminadas por el nazismo en toda Europa. Solo en Auschwitz murieron más de 21.000.
Se calcula que alrededor de 500.000 personas gitanas fueron exterminadas por el nazismo en toda Europa. Solo en Auschwitz murieron más de 21.000.
Una resistencia que no pudo detener el exterminio
Aunque la rebelión del 16 de mayo logró frenar temporalmente la operación de exterminio, la maquinaria nazi continuó funcionando. Tras el fracaso de aquella primera tentativa, las SS trasladaron a otros campos a los prisioneros considerados aptos para trabajar.
En Auschwitz quedaron principalmente personas ancianas, enfermas, mujeres y niños. La noche del 2 al 3 de agosto de 1944, el régimen nazi ejecutó finalmente la liquidación definitiva del campo gitano. Los testimonios de los supervivientes relatan escenas de resistencia desesperada: mujeres defendiendo a sus hijos, personas enfrentándose físicamente a los guardias y barracas cerradas desde dentro para impedir el acceso de las SS. Esa madrugada, cerca de 3.000 personas gitanas fueron conducidas a las cámaras de gas y asesinadas. El humo de los crematorios cubrió el campo durante toda la noche.
Así lo describe Piero Terracina, empresario judío italiano, superviviente del Holocausto y testigo directo: «Estaba encerrado, era de noche y había toque de queda, pero podía oírlo todo. En plena noche oímos gritos en alemán y ladridos de perros; ordenaron abrir los barracones del Zigeunerlager. De allí venían gritos, llantos y algunos disparos. De repente, después de más de dos horas, solo había silencio y desde nuestras ventanas podíamos ver las llamas incandescentes del crematorio en el cielo nocturno. Por la mañana, lo primero que pensamos fue en mirar hacia el Zigeunerlager. Estaba completamente vacío, solo había silencio y el portazo de las ventanas de los barracones».
Memoria, reconocimiento y lucha contra el antigitanismo
El Día de la Resistencia Romaní no recuerda únicamente un episodio histórico. Es también una llamada de atención frente al antigitanismo que continúa presente en nuestras sociedades. Durante décadas, el genocidio gitano fue invisibilizado en los relatos oficiales sobre el Holocausto. El reconocimiento institucional del Porrajmos llegó mucho más tarde que el de otras víctimas del nazismo, y todavía hoy persisten el desconocimiento histórico, la discriminación y los discursos estigmatizantes contra el Pueblo Gitano en Europa.
Recordar la resistencia del 16 de mayo significa reivindicar la memoria de quienes, incluso frente a una muerte prácticamente segura, decidieron defender colectivamente su dignidad. Significa también reconocer que el Pueblo Gitano no fue únicamente víctima del exterminio, sino también sujeto activo de resistencia frente al fascismo y la deshumanización.
Para profundizar
Si deseas profundizar en esta parte silenciada de la historia, te recomendamos:
- Los artículos del historiador gitano Ian Hancock, publicados en nuestra revista O Tchatchipen (La Verdad):
- Esta entrada del Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos:
- El genocidio de los roma europeos (gitanos), 1939-1945
Fuentes gráficas:
https://sfi.usc.edu/education/roma-sinti/en/storia-e-memoria/la-deportazione/la-deportazione.php#1
